A esta altura del partido, la cantidad de cosas escritas, filmadas y fotografiadas sobre Malvinas tiende al infinito. La producción constante de la memoria colectiva sobre lo sucedido en el teatro de operaciones del Atlántico Sur y las consecuencias directas sobre los participantes, familiares y caídos en el conflicto es un género en sí mismo. Está intrínsecamente unido a la memoria permanente de uno de los hechos más cruciales para nuestro país en el Siglo XX y que, paradójicamente, se dio en su tramo final.
Pero hoy quiero poner el foco en una parte bastante específica del conflicto: en la guerra aérea. Entre quienes más o menos nos interesan los aspectos más particulares de la guerra (las batallas, la táctica, la estrategia), es recontra sabido el rol preponderante que tuvieron los soldados argentinos que atacaron la flota inglesa con aeronaves. Nombres como Dagger, Super Etendard, A4 Skyhawk, Mirage, Pucará y C-130 forman parte de ese lenguaje común. Esto se debió, en gran parte, al temprano hundimiento del ARA General Belgrano, que cortó la posibilidad de desplegar de forma segura la flota naval argentina.
El resultado superlativo de la lucha aérea dejó como saldo una serie de ocho buques hundidos y más de una docena de averiados, infligiendo un daño casi fatal al enemigo. Incluso la controversia sobre el HMS Invincible, un portaaviones de la Task Force que los pilotos argentinos aseguran haber impactado, lo que Gran Bretaña siempre negó. Todos los documentos relacionados con el caso están clasificados por el resto del siglo.
El trabajo de los pilotos argentinos tanto de la Fuerza Aérea como de la Aviación Naval fue tan impresionante que reescribió las reglas del combate aeronaval, concibiendo que una fuerza de importancia "menor" puede causar daño a una fuerza "mayor" si cuenta con los medios adecuados. Pensemos en un avión de caza Super Etendart atravesando el cielo a 1000 km/hora, apenas cinco metros sobre las olas para no ser detectado por el radar, que de pronto suelta un misil Exocet que impacta de lleno en un buque de 150 mil toneladas.
Por eso, hoy mismo traigo tres obras que explican esto mismo en tres formatos distintos, a la vez que representan una evolución en cómo presentar la información conocida y así multiplicar el alcance de su audiencia. Un libro, una historieta y un documental.
Exocet, de Emilio Villarino (1982)

A este libro le debo toda mi comprensión de la gesta heroica que llevaron adelante los soldados argentinos. Básicamente, rescata las comunicaciones de radio de todas las misiones aéreas que atacaron al enemigo en Malvinas y las transforma en libro. Es un documento crucial donde aparecen todos los nombres que le dan sustento a la historia de la guerra en el aire. Es el punto cero de la construcción de la memoria del combate aéreo.
El libro cuenta con dos ediciones, bastante viejas, que se consiguen en MercadoLibre. Además le tengo mucho cariño porque lo leí un verano en Puerto Madryn, rodeado del mismo paisaje que conforma las islas y los escenarios donde se encarnó la guerra. Cuenta episodios cruciales de la historia, por ejemplo cómo los ingenieros de la Fuerza Aérea pudieron adaptar en apenas dos semanas los misiles tierra-aire para que sean aire-tierra y poder lanzarlos desde aviones en movimiento, algo que no estaba contemplado en su construcción.
Malvinas: el cielo es de los halcones, de Néstor Barron y Walther Taborda (2010)

Taborda y Barrón cumplen el sueño del pibe. La información que Villarino recopiló ordenó y canonizó en Exocet acá se vuelve el material base para contar la historia de los pilotos que llevaron adelante cada una de las proezas. Con unos dibujos de la gran puta, el cómic es una excelente introducción o un gran material para malvinizar a hijos, sobrinos o amigos que le tienen alergia a la lectura.
La historieta se publicó en primer lugar en Francia, calculo que como parte del interés por que los jóvenes franceses accedan al no menor detalle de que el daño más grande infligido a la Marina Real desde la Segunda Guerra Mundial se hizo con un avión y un misil franceses. Además de la gran tradición que tiene Francia en promover la historieta como medio cultural. En Argentina se editó recién en 2020 y se consigue en cualquier local de historieta. Además, se puede leer una excelente nota a sus autores en la Revista Paco.
1982: Malvinas, la Guerra desde el Aire, de César Turturro (2009)
Por último, el documental definitivo sobre la guerra aérea. Una joya, una obra maestra de la televisión. Originalmente se publicó en History Channel, pero logró su éxito definitivo cuando llegó a Youtube.
Desde entrevistas a los pilotos en primera persona a animaciones en 3D para explicar de forma visual e intuitiva las proezas de nuestros soldados, es exactamente la misma información de Exocet y Malvinas: el cielo es de los halcones pero en registro documental y con animaciones que explican perfectamente cada una de las operaciones. Realmente un lujo, y es por eso que está por llegar a los 4 millones de vistas en YouTube, siendo una máquina de crear respeto al trabajo de nuestros combatientes.
Lo único que falta para cerrar el ciclo es una película tipo Top Gun pero malvinera. Con eso nos garantizamos que las próximas diez generaciones de argentinos conozcan las proezas de nuestros pilotos de combate y las miles de toneladas de acero inglés que duermen en el lecho marino del Atlántico Sur.
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